Mexicanos, ¿pansexuales?

Mexicanos, ¿pansexuales?

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No pudieron enseñarle nada peor a la idiosincrasia mexicana que esa mentira de: “feo, fuerte y formal”.

Por desgracia, para la tradición que antecede a este país, hay una serie de horrorosas creencias, basadas en el machismo, acerca del amor, los sentimientos y las relaciones humanas. Y es muy probable que el 98% de los 120 millones de mexicanos que hoy existen, haya crecido basando su pensamiento en esas consignas absurdas.

Llegando a este siglo XXI, el mundo ha despertado hacia el camino de las nuevas orientaciones sexuales, preferencias, intercambios de género y una serie de transformaciones en como las personas se relacionan.

La pansexualidad es una orientación sexual, que permite sentir atracción hacia prácticamente cualquier cosa, sin importar si es persona, objeto, hombre, mujer o transgénero.

Buena o mala, la pansexualidad es un rechazo a la dicotomía de los géneros masculino y femenino, manifestando que no se requiere una genitalidad específica para sentir atracción o enamorarse.

Pero, veamos: ¿Qué tanto pueden los mexicanos llegar a entender o identificarse con la pansexualidad?

En la tradición de la sociedad mexicana, se cree que los individuos se aparean únicamente con fines reproductivos. Siendo así se descarta en automático todo aquello que no signifique poner una semilla dentro de un receptor. Es decir, en pocas palabras, a los mexicanos los obligaron a creer que, a nivel sexual, quedan de lado las preferencias personales o el placer, y únicamente hay que buscar reproducirse, como conejos.

Por otro lado, está la creencia de que el amor es una fantasía que se siente, pero no se vive. La gran mayoría de los mexicanos viven relaciones duraderas por costumbre, con un amor que ya se petrificó o que en realidad nunca existió, y no entienden el concepto del enamoramiento.

El enamoramiento es una característica que encaja perfecto en la pansexualidad; los pansexuales sienten amores apasionados, que no les permiten fijarse en si el sujeto en cuestión corresponde a una orientación u otra, y tampoco les interesa demasiado, porque buscan personas, no genitales.

Esta última condición tampoco encaja –en sentido alguno– con la tradicional sociedad mexicana, cuya consigna es que no hay que enamorarse para no sufrir, que los hombres no se enamoran y que ese estado es sólo para los débiles y las mujeres.

Viendo este panorama, es obvio que la pansexualidad es un estado demasiado avanzado para la sociedad mexicana, sus creencias arcaicas y el extraño maniqueísmo de los sexos, en que todavía vive. Difícilmente un macho mexicano va admitir que está enamorado de otro macho mexicano, si parte desde ese rol y pretende jugarlo en todas sus relaciones.

En conclusión, podemos decir que la pansexualidad no es más que una especie de evolución, el nombre que le pusieron a una manera libre de amar, que ya existía desde hace mucho tiempo, pero que no se hablaba, porque el género humano vivía bajo las imposiciones de los roles de género y la reproducción como forma de sobrevivencia.

Y no, los mexicanos no están listos para convertirse en pansexuales.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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