Tengo sismofobia

Tengo sismofobia

No duermen, se les mueve el piso cada cinco minutos, escuchan una alarma escandalosa en su cabeza a cada momento, y brincan pensando que ahí viene otra vez el enorme monstruo de los sismos. Esos son miles de mexicanos, que en los últimos días ha estado viviendo el fenómeno de la “tremofobia” o miedo a los movimientos telúricos, en respuesta a experiencias vividas en el pasado.

miedo

Ya hasta el gobierno ha sugerido terapias psicológicas, grupos de acompañamiento, y otras técnicas para superar el terror de millones a ese fenómeno natural, que no se puede prevenir ni controlar; quizá el miedo es precisamente ese, no hay absolutamente ningún control sobre aquello que puede llegar a suceder, cuando la tierra se mueve.

Luego del sismo del 19 de septiembre del 2017, sobre todo los habitantes de la Ciudad de México se sintieron como tocados por una mano helada, una especie de escalofrío que les recorrió la espalda, un aviso de sobrevivencia que les aconsejaba evitar edificios altos, pasos a desnivel e incluso el Metro, por miedo a experimentar un nuevo temblor y quedar atrapados ahí dentro.

Algo pasa con los mexicanos que vivimos como en una cuerda floja, siempre al borde del peligro, en enormes rascacielos que son auténticas trampas, transportes públicos saturados, de los cuales no podríamos huir en caso de siniestro. Y sin embargo, cuando un evento así sucede, lo que más vende son precisamente esas historias de horror, los noticieros repiten una y otra vez el mismo cuento, y hasta se hacen capítulos especiales, series, documentales y telenovelas chafas sobre el asunto.

En pocas palabras, nos da miedo, pero también nos gusta, ¿será que no tenemos nada más emocionante en nuestras vidas que ver cómo la tragedia viene y nos lleva?

Es cierto que el sismo experimentado en 2017, como algunos otros que ocurrieron antes, sí desafió a los mexicanos, puso a prueba su capacidad de resistencia frente a un evento de proporciones enormes, y dejó a más de uno en un estado de anormalidad mental.

El otro día me desperté en medio de la noche, grité porque sentí que me sacudían la cama y en el fondo de mi cabeza una extraña alarma resonaba. Cuando abrí los ojos no había nadie ahí, la cama no se movía y todo estaba en absoluto silencio.

Ahora acepto que, como miles de mexicanos, padezco sismofobia y, al igual que mi edificio, mi existencia ya quedó tocada por el terremoto.

Habrá que aprender a vivir sin pensar que esto puede volver a suceder, enseñar a los más jóvenes la prevención y seguir viviendo, o al menos tratar de hacerlo sin que la sirena del señor del pan, o la bocina de algún tráiler, nos despierte con los intestinos en la garganta.

@CronicaMexicana

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