¡En el Metro no!

¡En el Metro no!

metro1

Lunes, a medio día en la Ciudad de México. Las calles vomitan personas como si fueran plaga y parece que no cabe uno más sobre las banquetas que, además, se cocinan a fuego lento bajo el sol.

Justo en esos momentos, cuando el tiempo apremia, el hambre es grande y el tránsito se hace pesado, es el momento ideal para que un pobre desdichado se aviente a las vías del Metro y termine por partirle el día a todos los usuarios. “¡Gracias, al fin que ni quería llegar a trabajar!”.

A lo largo de siete años el Sistema de Transporte Colectivo Metro, de la Ciudad de México, registró casi 200 suicidios consumados en sus diferentes estaciones, personas que encontraron en ese medio la salida a sus problemas y de paso le hicieron pasar un mal rato a cientos de usuarios que no llegaron a tiempo a su casa, a la escuela o al trabajo.

Cada que alguien se avienta a las vías del Metro la pérdida de tiempo va a partir de los 20 minutos, debido a que hay que detener la marcha de los trenes y esperar a que los autorizados lleguen hasta el sitio para levantar el cadáver y hacer las diligencias legales.

Todo ese largo proceso provoca un caos enorme en toda la ciudad, debido a que las estaciones están conectadas y deben funcionar de manera sincronizada para evitar accidentes.

Más allá de que el problema de los suicidios ataca cada vez a más personas, y a edades mucho más tempranas, habría que preguntarnos: ¿por qué eligen un sitio como el Metro, cuando ya de por sí vivir en esta ciudad puede llegar a ser bastante caótico y las horas pico son un verdadero infierno en la mayoría de las estaciones?

¿Qué tiene de atractivo freírte como pollo rostizado y de paso que el vagón te aplaste cual tortilla? Y para acabar de molestar, todos los mirones que se asoman, toman fotos, estorban y se sacuden un poco el morbo, con el que acaba de colgar los tenis.

Eso de los que se avientan al Metro ya es un cotidiano en esta complicada ciudad, casi un must de diario, porque las personas no encuentran otra manera de decirle adiós a la vida que quebrándonos el día a todos, como para que de paso no se nos olvide lo importante de ser, existir y tener motivos para vivir.

Otros que andan muy contentos con la ola de aventados en el Metro son los periódicos amarillistas, cuyo negocio se ubica en la nota roja y que hacen de cada muerto una montaña de dinero. Aplastados, fritos, agujerados, destazados, colgados, y un sinfín de adjetivos más pululan en sus páginas, mismas que se venden como pan caliente en pro de un morbo enfermo y sucio (el mismo de los mirones en el Metro).

@CronicaMexicana

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail