En el país de los malqueridos...

En el país de los malqueridos…

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Chaqueta, mano amiga, Manola, hacerse una paja, picar papaya, tocar el arpa y un largo, muy largo etcétera. El acto de la masturbación trae tras de sí un montón de motes y apodos, para disfrazar la verdadera naturaleza de quien lo acostumbra.

Durante el mes de mayo se celebra en el mundo el Día de la Masturbación, una fiesta que busca concientizar sobre la importancia de esta actividad, tanto por sus beneficios físicos como psicológicos, e incluso como método anticonceptivo y de protección contra enfermedades venéreas.

Suecia, Estados Unidos y Brasil, entre muchos otros países del mundo, son sitios donde la cultura popular no ve mal la masturbación y por el contrario, la incentiva entre los jóvenes, para prevenir las relaciones sexuales prematuras y los embarazos no deseados.

México, muy al contrario, es un país donde la educación sexual todavía está en la edad de piedra, y todo lo referente al cuerpo humano y sus necesidades es un tabú del que se habla muy poco, todavía peor si tiene que ver con darle placer al propio cuerpo.

El Instituto Mexicano de Sexología (IMS) ha realizado encuestas respecto a este tema, revelando que al menos el 90% de los hombres mexicanos afirma masturbarse con cierta frecuencia, frente al 40% de las mexicanas que dicen recurrir a esta práctica.

Prevención del cáncer genital, producción de anticuerpos, menstruaciones menos dolorosas, elevación de la autoestima y reducción del estrés –entre muchas otras cosas– son los beneficios que la ciencia atribuye a la masturbación recurrente en hombres y mujeres, y eso sin contar todas las ventajas que tiene en la cama una persona que se conoce a sí misma, reconoce su cuerpo y sabe lo que le gusta.

El problema en todo esto, es que los mexicanos viven en una sociedad moralina y machista, donde se cree que el placer es un delito y por supuesto que ellas lo tienen negado, no poseen ni siquiera derecho al deseo y deben de conformarse con lo que ellos quieran hacer.

Al mismo tiempo, los hombres tienen que hacer gala de su virilidad y el supuesto poder que les otorga su miembro, demostrar que son sementales y nadie les aguanta el paso.

Y entre peras y manzanas, a los mexicanos les enseñaron que no son dueños de su propia sexualidad, no pueden hacer de sus cuerpos lo que les venga en gana, y si lo hacen son peores que enfermos mentales, prostitutas y pervertidos. Obedecer esa moral significa para la mayoría, renunciar a su propia naturaleza, el instinto carnal de dar salida a la energía, y sobre todo de ser seres humanos capaces de dar amor y placer a los demás.

Y ya luego vienen las frustraciones; también el IMS afirma que, al menos 40% de las mujeres mexicanas nunca han sentido un orgasmo, es decir, literalmente viven desconociendo el placer sexual, y en la mayoría de los casos tienen que fingir cuando están con sus parejas.

Todo esto quizá explique el alto porcentaje de relaciones rotas y matrimonios que terminan en peleas de box; México es un país de mal queridos, mal amados y mal… comprendidos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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