El discurso del odio

El discurso del odio

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Las palabras son una cosa tan poderosa, que puede herir mucho más que un golpe o un arma, y basta abrir la boca para que salgan disparadas y destruyan todo a su paso.

Hace tiempo que hay cierta polémica respecto al uso de palabras como tolerancia, diversidad, respeto y hasta discriminación, porque no pueden definirse bien las fronteras entre unas y otras, y por desgracia, el mexicano tiende siempre a etiquetar, cuando no entiende.

La moda de la tolerancia, como una supuesta tendencia hacia la paz social, en realidad es sólo un engaño lingüístico, alimentado de ignorancia y doble moral.

Pese a que la palabra –por sí misma– implica respeto, al menos en la sociedad mexicana el concepto se ha tergiversado, y el discurso, siempre tendiente al odio y la discriminación, es algo así como: “te tolero, te soporto, pero no te respeto”.

Y esta cuestión aplica en todos los ámbitos de la vida, porque si algo es muy cierto es que en México nos encanta discriminar; discriminamos a los que tienen menos, a los que tienen más, a los que son de aquí y también a los que son de otra parte, y en general a todo lo que nos parezca distinto, porque nos da miedo.

La educación tradicional en el país, no contempla nunca la enseñanza del respeto verdadero, como base fundamental de la convivencia en sociedad; siempre hay que aguantar, hacerse de la vista gorda, disimular, soportar, y hasta fingir que lo que no nos parece no existe. Eso, en lugar de aceptar que hay formas de pensamiento distintas y que, pese a ello, también podría haber puntos de vista encontrados, si quisiéramos buscarlos.

Es verdad que, por naturaleza, todo aquello que no conoces te da miedo y como respuesta, una inmediata reacción de rechazo. Los mexicanos estamos mal educados, vivimos en una extraña zona de confort, en la que un molde viejo pretende definir todas las cosas del mundo, dejando fuera todo lo que no se adapte a caber en él.

Constantemente se hace la polémica, porque todos quieren ser críticos, pero sólo logran criticar. No importa si son estudiantes, maestros, ciudadanos, de izquierda, de derecha, católicos o laicos, porque el discurso siempre suele ser el mismo, tajante, intolerante y cerrado.

Debería ser aterrador que, en pleno siglo XXI, la sociedad mexicana no sea capaz de construir algún discurso inteligente, que sirva para defender lo que sea que ella misma quiera y necesite.

Finalmente, la fuerza del pueblo frente a la opresión del sistema, debería ser un elemento intelectual, la manifestación inteligente y el discurso crítico, no la ofensa barata, el vandalismo o la opinión sin fundamento, basado todo, en prejuicios y creencias obsoletas.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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