Hazte para allá, al más allá

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¿Qué tanto ha de fallarle la sociedad a una persona, para que ésta prefiera morirse antes que seguir viviendo?

Estamos en la era del vacío, donde lo superficial y la banalidad mandan, y pese a estar constantemente conectados, a través de la tecnología, la mayoría de las personas manifiestan sentir una enorme soledad.

En razón de lo anterior, hoy más que nunca, en la historia de la humanidad, el suicidio se ha convertido en una alternativa recurrente; una manera en la que el hombre contemporáneo confronta su errada existencia.

En México, el 1% de todas las muertes registradas, se atribuyen al suicidio que, de forma casi malvada, ronda a personas desde los diez años hasta la tercera edad, y sobre todo a las mujeres jóvenes. A estas últimas les pega, en esencia, la estadística, porque viven atadas a estereotipos irreales e insatisfactorios que, en general, les generan frustración.

¿Qué tanto debe fallarle el sistema a un niño para que no quiera vivir?

Las cifras de suicidio en el país, hablan de un enorme sentimiento de desesperanza, que se lleva a los más jóvenes porque no tienen futuro, y a los más viejos porque el presente ya no los contempla.

Entre las causas más comunes de suicidio, que se reportan en México, están los problemas mentales, la violencia, las dificultades económicas y los conflictos sociales, como la discriminación o el bullying.

Hace unas cuatro o cinco décadas, hablar de suicidas en México, era referirse a casos aislados; personas que parecían no haberle tenido suficiente amor a la vida o cuyas dificultades eran demasiado difíciles de afrontar. Pero en estos días, el suicidio es tan común como el cáncer, los accidentes de tránsito o las armas, casi cualquiera se muere de eso y a nadie le sorprende.

Un dato a saber es que, la Organización Mundial de la Salud (OMS), califica el suicidio como un problema de salud pública que, además es completamente prevenible, siempre y cuando los gobiernos inviertan presupuesto en programas de atención psicológica, en hospitales y escuelas. Esto sucede muy poco en México, donde menos de la mitad de la población puede acceder a servicios de salud generales, y menos del 2% del presupuesto se destina a este rubro.

Lo que sí impresiona es cómo, pese a que el mundo ha pasado momentos mucho mas desesperanzadores, hoy las personas nacen sin la capacidad de enfrentar las dificultades naturales de la vida, y la tolerancia a la frustración es cada vez más baja, en las generaciones jóvenes.

Será tal vez que el status comodino de la vida posmoderna, está obligando a criar personas débiles, poco tolerantes y nada resilientes, ante las dificultades naturales que trae consigo el hecho de estar vivos. O quizá, en general, la humanidad ya perdió las ganas de superarse y espera con desgano su fin.

Finalmente, cada uno es responsable de decidir hasta dónde quiere llevar su existencia, pero no hay duda de que algo anda muy mal, en un país que no puede hacer que sus habitantes vivan felices, satisfechos y plenos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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