La historia de las inundaciones en la CDMX

De las inundaciones: el centro de la ciudad se convertía otra vez en laguna, la gente iba por las calles en lancha. Dicen que con la próxima tormenta estallará el Canal del Desagüe y anegará la capital. Qué importa, contestaba mi hermano, si bajo el régimen de Miguel Alemán ya vivimos hundidos en la mierda…

Esto es parte de lo que contaba en sus “Batallas en el Desierto” el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Y es que en la década de los 50 las inundaciones en la Ciudad de México eran todo un tema, un calambre constante en la vida de los capitalinos, que tenían que andar nadando cada que el canal se desbordaba.

Y fue exactamente en el año de 1951, que todo el centro y parte del sur de la capital se vieron bajo el agua, durante más de una semana, rebasando los precarios sistemas de emergencia y de protección civil que existían entonces. Literalmente, todo se lo llevó el agua, incluidas unas 30 mil personas que resultaron afectadas por el desborde, de lo que se conoció como el Gran Canal, una obra inaugurada en 1900, que intentó sufragar los problemas hidráulicos de la capital.

La realidad es que la CDMX está edificada sobre el famoso Lago de Texcoco. Hasta antes de la Colonia, las calles eran más bien canales y las personas circulaban sobre trajineras y chinampas. Fue la llegada de los españoles la que pasó a edificar toda la ciudad, tratando de dejar abajo toda el agua, algo que hasta el Siglo XXI no ha podido ser resuelto al cien por ciento. De ahí que esta capital siga viviendo el karma de las inundaciones, y todo lo que eso conlleva; por más obras e infraestructura implementada por el gobierno capitalino, el agua no ha podido olvidar su lugar.

Fue en 1490 cuando se registró la primera inundación en Tenochtitlan, provocada por una construcción que mandó a hacer el gobierno de Ahuízotl. Y ya en los 1600, con el gobierno español al mando, empezaron las primeras construcciones para evitar el anegamiento de aguas en la capital de la Nueva España.

Durante los siglos que siguieron, hasta el XX, se sucedieron varias inundaciones que provocaron la fe de los habitantes, aunque eso no solucionó los problemas. Los gobiernos implementaron puentes, canales y obras, que no lograron sufragar el hecho de que, los cimientos de la ciudad no eran (y siguen siendo), más que agua y lodo.

Finalmente, en el gobierno de Porfirio Díaz, allá a inicios del Siglo XX, se concretó la que hasta hoy sería la desgracia de la Ciudad de México: la desecación del Lago de Texcoco. Pensando erradamente que así se terminarían las inundaciones, este oasis fue eliminado y drenado hacia cauces cerrados. Y así, casi todos los ríos de la capital dejaron de ser ecosistemas naturales, y se volvieron los canales de aguas negras que son hoy.

Las consecuencias las vivimos todavía en estos tiempos: el cambio climático de la Ciudad de México, escases de agua, contaminación del aire y desgaste de la tierra. Y las inundaciones siguen robando las primeras planas de los periódicos, sin que nada las detenga.

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Valeria Lira

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