Los bancos de alimentos, una joya entre la pobreza extrema de México

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Dice por ahí la letra de un muy criticado cantante guatemalteco, algo así como los ricos tienen dietas, los pobres hambre. Y aunque aquel hombre sea un tipo sin imaginación, que rima estrofas facilitas para armar canciones pegajosas, la verdad es que su dicho sí tiene mucho de cierto.

En México, tanto se habla de cerrar la boca para adelgazar kilos extra, como se habla de buscar, hasta por abajo de las piedras, para llevarse algo a la panza.

La alimentación en este país es uno de los rubros más contrastantes que vive hoy el país, ya que mientras unos rezan para no comer tanto, otros rezan para poder comer, aunque sea un poco.

Según estadísticas, más de siete millones de personas en México, viven pobreza alimentaria, es decir, no perciben recursos suficientes ni para adquirir una canasta básica, la cual incluye alrededor de 80 productos que se supone son elementales en la mesa mexicana.

Irónicamente, al día, más de 30 mil toneladas de alimentos, perfectamente consumibles, se desperdician en todo el país.

A todo esto, desde hace varios años se creó, a nivel internacional, la figura del banco de alimentos, una especie de organizaciones civiles que se dedican a recolectar comida en buen estado, principalmente de establecimientos comerciales y restaurantes, para hacerla llegar a personas en estado de vulnerabilidad.

En México están presentes varias de estas figuras, entre ellos el Banco de Alimentos de México (BAMX), la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA), Alimento para Todos I.A.P., la organización Cáritas, y muchas más que luchan por frenar el desperdicio de comida y a la vez la pobreza alimentaria, que provoca la mala distribución de la riqueza.

Es interesante cómo este tipo de iniciativas en el país son meramente ciudadanas y empresariales, realizadas por gente que busca cambiar la realidad que mira todos los días, mientras el gobierno se apega sólo a programas públicos que regalan migajas, y en nada resuelven el problema de la pobreza extrema.

Tristemente, se sabe que los más afectados por la desigualdad alimentaria son los menores en situación de marginalidad, quienes desde antes del nacimiento ya viven carencias en su formación, sufren daños en el crecimiento, en el desempeño intelectual, y reducen sus posibilidades de desarrollo a largo plazo, simplemente porque están desnutridos.

Y para rematar, esa desnutrición –con los años– se convierte en obesidad mórbida, una enfermedad que también se relaciona con la pobreza y con la ignorancia, ya que las personas recurren a comida barata, de baja calidad y pocas cualidades alimenticias, con tal de llenar el vacío y hacer rendir el gasto.

La difusión de los bancos de alimentos en el país aún es muy poca, en relación a la cantidad de personas que necesita saber de ellos, y aún menor, en relación a la cantidad de comida que se descompone en anaqueles de tiendas, restaurantes y bodegas, sin que absolutamente nadie pueda acceder a ella, por mera necesidad de llevarse algo a la boca.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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