¿Navidad mexicana?

Hay un fenómeno extraño que sucede en México cuando se habla de fiestas. Por alguna razón, los mexicanos suelen sacar a colación un sentimiento de nacionalismo, cuando de celebraciones hablamos, lo que redunda en el rechazo, doble moralino, hacia ciertas tradiciones, consagradas o no, de la cultura popular. Es un constante y arbitrario decidir entre qué sí y qué no es nacional, qué nos pertenece y qué nos fue impuesto, aunque no haya ningún parámetro que guíe hacia la verdad.

Pasa con las fiestas patrias; las opiniones se separan cuando se habla de si festejar o no, cosas como el Día de la Raza o la Batalla de Puebla; unos dicen que eso sólo significa alabar a los enemigos que destruyeron al país, a los traidores y a los esclavizadores de la patria. Mientras tanto, también hay quien opina que son fiestas nacionales y México tuvo que ver en ellas. Y así, también hay quien ni siquiera está enterado de qué día se festejan o por qué.

Más adelante sucede con el Halloween. Las opiniones van desde los que dicen que es una cosa satánica, a los que piensan que es más norteamericano que el hot dog, y también quienes dicen que sólo se vale si es “calaverita” porque, aseguran, eso sí es mexicano.

Y la navidad: ¿es mexicana? La inmensa mayoría de la población del país celebra la Navidad, pone un árbol alusivo, decora sus casas y pone un nacimiento, sin preguntarse si esa costumbre tiene algo que ver con México.

Y no, la verdad es que, en la tradición cristiana, la Navidad se originó en Belén, Palestina, bajo el mito del nacimiento de Jesús y todo ese capítulo que menciona la Biblia. Y de hecho, existe la teoría de que el nacimiento del rey de los judíos, no fue el 25 de diciembre, sino a mitad del año. Entonces, en realidad la gran mayoría de las personas probablemente no sepan qué están festejando y por qué.

Y para nada se trata de celebrar sólo lo que es mexicano. En ese caso las personas tendrían que estar haciendo sacrificios humanos, y tomando sangre para rendir tributo a los dioses. Se trata de saber que el mundo es un lugar globalizado y que no hay nada puro, sino que todo lo que hacemos es la suma de muchas cosas, lugares y personas que estuvieron antes, de ahí la riqueza de una tradición milenaria, como la Navidad.

Y siendo aún más estrictos, habría que preguntarse ¿por qué las personas decoran sus casas con adornos alusivos a la nieve?, cuando se trata de un fenómeno climático que aquí, en México, jamás ha sucedido ni sucederá. ¿Por qué comen bacalao, si no están en Noruega? o ¿por qué ponen “niños Jesús” más grandes que los animalitos del nacimiento? Y esas son cosas que no tienen respuesta.

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Valeria Lira

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