La tradición del mercado mexicano

No hay nada más tradicional en México que ir al mercado. Frutas, verduras, carnes, semillas, piñatas, flores, hierbas, ropa y hasta libros; se puede encontrar de todo y buenos precios porque, hoy por hoy, todavía los mercados son un organismo viviente de la sociedad mexicana.

La Ciudad de México tiene más de 300 mercados públicos, entre fijos y ambulantes, que sobre sí mismos, mueven millones de pesos, responsables del sustento de muchas familias mexicanas.

Cualquiera que sea, antes de las cuatro de la mañana de cada día de la semana, ya está arriba; antes de que llegue el sol, circulan las hortalizas, los pollos en su camino hacia la muerte, las cabezas de los puercos desangrados, las primeras gorditas del día comienzan a freírse, y las tortas de tamal llenan el estómago de cargadores y comerciantes por igual.

Ya para las ocho de la mañana, el mercado empieza su jornada pública, arriban los primeros clientes y de ahí no hay freno hasta caer la tarde. Es un abrir y cerrar de ojos interminable, como el latir de un corazón ciudadano, que palpita con fuerza, de sol a sol.

Mercado, símbolo de le mexicanidad

Portales, Buenos Aires, Jamaica, Sonora, San Juan, Medellín, La Lagunilla, Tepito, La Merced, La Viga, Xochimilco, La Ciudadela, y muchos más, tantos que sería imposible nombrarlos a todos porque son un fenómeno que no ha crecido con la planeación urbana, sino con la necesidad social y económica. Tal vez no hay, a ciencia cierta, una estadística fiel de cuántos son los comerciantes que agrupan los mercados capitalinos, vendedores ambulantes que no conocen local fijo, y se aferran a la costumbre para sobrevivir.

Desde tiempos prehispánicos, los tianguis o mercados funcionaron como manera de proveer a las ciudades de insumos, y a la vez de sustento económico. Inclusive en esa época, cuando no existía un sistema monetario, se utilizaban las semillas como objeto de intercambio, y se acostumbraba el trueque entre productores y vendedores.

Aún con el crecimiento de las ciudades, la aparición de los grandes centros comerciales, la popularización de las marcas y los productos empacados, en México los mercados no han perdido su lugar, y siguen siendo preferidos por la mayor parte de los consumidores. Pese a la competencia desleal y precios irrisorios, contra los que los pequeños comerciantes no pueden competir, los supermercados no han podido imitar la calidez y la familiaridad de los mercados populares mexicanos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

 

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