¿Qué nos estamos comiendo?

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La industria alimentaria es un monstruo voraz, que se lleva todo lo que tiene a su paso, con tal de generar ganancias multimillonarias a los empresarios del ramo.

Nadie podría imaginarse cómo es que la sencilla actividad de comer, puede estar inmersa en un sistema sanguinario, del que todos los consumidores son víctimas.

Recientemente surgió el concepto de comida transgénica, variedades de alimentos que, bajo el pretexto de la seguridad alimentaria mundial, están siendo modificados genéticamente para hacer cultivos más fructíferos, con productos de tamaños impensables, resistentes a plagas y otros agentes, en teoría nocivos.

Es como en aquella cinta de 1960 titulada “Little Shop of Horrors”, donde una planta carnívora se vuelve gigante, alimentada, primero de sangre y luego de cadáveres enteros.

Así como la planta, nuestra comida se está alimentando de cosas insospechadas y el resultado, en algunas décadas, podría ser monstruoso.

Sin querer queriendo, este tipo de agentes extraños ya han invadido la lista de compras de los consumidores. Hoy el 89% de la población del mundo, adquiere y come alimentos transgénicos que, dicho sea de paso, ya están entre nosotros, pero para nada han reducido la hambruna en países subdesarrollados.

México ha autorizado la venta y distribución de 77 alimentos transgénicos; cosas tan comunes como el maíz, las papas, el azúcar y la soya, y que, en su gran mayoría, se consumen bajo total desconocimiento de su origen.

Hasta ahora no se ha revelado a ciencia cierta, cuáles son los efectos de los transgénicos en el organismo humano, sin embargo, por razones supuestamente inexplicables, hoy hay una epidemia mundial de padecimientos, como diabetes y cáncer.

No es difícil de saber, hay organismos internacionales que han hecho públicas enormes listas de marcas transgénicas, que se comen a diario en millones de hogares mexicanos, y casualmente son todas aquellas que son enormemente comerciales, y abarrotan los estantes de las tiendas. Empaques coloridos, miles de spots en medios, y montones de mentiras sobre los beneficios de sus productos.

Irónico o no, las marcas que se salvan, y cuyos productos hasta ahora son inocuos, son mucho menos comerciales y hasta difíciles de encontrar.

Es una lástima que la comida de la que se alimenta la vida en el planeta, sea presa de todo tipo de intereses, en especial políticos y económicos, para generar ganancias que no sólo van a la industria, sino también a enormes cadenas de corrupción en el gobierno, las que, en primer lugar, no deberían permitir que se produzcan y se comercialicen productos nocivos.

Y lo anterior, aunado a que estas grandes trasnacionales están dispuestas a destruir a los productores independientes, los pequeños cultivos y toda la industria local que, por supuesto, no puede competir con enormes cadenas de producción y distribución.

Finalmente, hay algo que pocos saben. Al menos en México, los transgénicos no solamente vienen en empaques bonitos. También están en las frutas y las verduras, esos que se venden a granel en mercados y tiendas, muchas veces mezclados y apoyándose en la ignorancia de los compradores.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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