La polémica de los zoológicos en México

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¿Cómo será pasar la vida tras una reja?, ¿te gustaría?, ¿y si no tuvieras opción porque el mundo de afuera amenazara con acabarte?

Antes ir al zoológico o al circo a ver animales, era lo más normal del mundo. Hubo un tiempo en que nadie negaba que eso era lo correcto, se hacían caricaturas y canciones, y hasta parecía que los animales se hallaban en un lugar seguro y feliz. Pero en los últimos diez años, una corriente se desató, las personas empezaron a dudar que esos sitios fueran realmente encierros agradables para los animales, cuestionaron las condiciones y acusaron explotación y lucro.

No sólo en México, en todo el planeta se está cuestionando la utilización real de los zoológicos, no como refugio, sino como forma de entretenimiento y negocio, altamente lucrativo. Y ni hablar de los circos; en la Ciudad de México se prohibió ya la utilización de animales en espectáculos públicos.

En el país hay aproximadamente 40 zoológicos, muchos de los cuales están actualmente analizando su desaparición, con el supuesto objetivo de enviar a los animales a reservas naturales, con mejores condiciones y en ambientes mucho más amigables.

Las opiniones se dividen, y es que hay quienes no pueden concebir que su entretenimiento favorito de la infancia, sea un error social con tendencia a erradicarse. Claro que, al menos cuando se es niño, uno no va al zoológico o al circo con malicia, sino en el mejor de los casos, pensando que los animales están muy felices de recibir visitas.

Pero la realidad ha demostrado que más allá de visitas familiares, los zoológicos, en su gran mayoría, son trampas de crueldad, hacinamiento y muerte.

El problema viene cuando pensamos que, la primera finalidad de estos lugares, cuando se crearon en el mundo moderno occidental, fue la de preservar especies y reproducirlas. Al mismo tiempo vino la caza furtiva, que hizo a los zoológicos convertirse en refugios perfectos para evitar la extinción.

El resto es historia. Explotación, venta, experimentación, vivisección, taxidermia, y un montón de vicios más, se fueron adentrando en lo que antes se consideró una salvación.

Y ante todo lo anterior, la pregunta de si valdrá la pena, si serán felices ahí dentro con tal de seguir viviendo, o sólo será una absurda prolongación de la agonía.

Los casos son muchos, es Bantú, el gorila del zoológico de Chapultepec que recientemente murió y fue destazado; es Yupik, en el de Morelia, una osa polar que tiene años encerrada en un pequeño estanque a temperatura ambiente; fue Keiko, una orca que se volvió estrella mundial, al tiempo que habitaba un pequeño estanque en la Ciudad de México; o Arturo, el último oso polar que habitó en Argentina, y murió hace poco tiempo.

Aunque no todo es negativo, esta preocupación por la vida en los zoológicos ha derivado en la creación de nuevas reservas naturales, espacios conservados para que los animales habiten bajo vigilancia, en mejores condiciones, y puedan incluso reproducirse.

Más que nada, falla el tema de la conciencia social. No importa qué tanto se transforme el sistema, si la sociedad sigue pensando que un espectáculo de explotación es agradable y lo inculca a las nuevas generaciones como algo correcto. Algunas veces, simplemente hay que dudar de las lecciones aprendidas, pues no siempre lo que nos enseñaron los adultos, es verdad cuando lo pasamos a la realidad.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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