“Ahorita”, joven

time

El tiempo no es más que una invención del hombre para darle un sentido a su vida, que no sea la mera necesidad de seguir existiendo.

Es así como hay ciertos aspectos, donde los mexicanos se delatan completamente como venidos de otra galaxia. Son cosas que hacen o dicen todos los días, y sólo ellos comprenden, mientras el resto del mundo gira en otra dirección.

Así pasa con el concepto del tiempo. La mayoría de las culturas avanzadas se toman el uso del tiempo muy en serio, al grado de tomar como una ofensa que alguien no llegue a la hora acordada, o se tome minutos de más para alguna actividad.

No es un secreto que, por ejemplo, en países como Inglaterra o Japón el transporte público tiene horarios establecidos que se respetan minuto a minuto, y las personas organizan su vida en torno a eso. Ya quisiera un inglés o un japonés estarse jalando de los pelos en la parada del camión, durante una hora, sólo porque el chofer se quedó platicando o comiéndose una torta.

En México el tiempo es relativo, no es común que se respeten los horarios, ni existe la ocupación de los demás. Es un triste defecto, pero real, y quizá a ello se deban, en gran parte, las bajas cifras de productividad en todo el país.

Y para colmo, nadie sabe explicar a ciencia cierta qué es eso del “ahorita”; una especie de mutación inventada por los mexicanos, para darle un carácter de eterno a cosas que no saben cuándo harán.

Que te digan “ahorita”, es igual a que te digan “a cualquier hora”, porque ahorita no es ahora mismo, ni en un momento, ni después, ni hace rato, es una especie de limbo temporal, con el que los mexicanos justifican su costumbre de procrastinar.

Es como un constante vivir al día, en donde, por amor a la sorpresa, nunca se planea lo que va a suceder al siguiente momento.

Y sí, muchas veces el destino sorprende a los mexicanos que, más que conocido por el resto del mundo, prácticamente nunca previenen el futuro.

Lo mismo pasa con el “mañana”. Mañana lo hago, mañana voy, mañana te pago, mañana cambio. Los mexicanos viven a la eterna espera del mañana, pensando que mañana todo va a cambiar, a ser mejor por arte de magia. Y como dijo Gloria Trevi: “el mañana no llegó”.

Mañana y ahorita son el “sólo por hoy” de los mexicanos, pero utilizado a la inversa, y en detrimento de las capacidades sociales, intelectuales y hasta financieras.

Quizá eso explique porque, según la OCDE, el mexicano es el que más horas trabaja y menos dinero produce. Todo tiene sentido.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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