Donald Trump en México o la fallida imagen pública de Peña Nieto

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Suele suceder que aquí en México, cuando los ciudadanos creen que ya lo han visto todo, pasan cosas que superan sus expectativas, respecto a lo inverosímil que puede ser el país y sus dirigentes. Podríamos decir que esta es la nación de los sueños y la fantasía, pero no porque se hagan realidad, sino porque aquí se cumplen las pesadillas, que jamás nunca nadie soñó.

Donald Trump es ese enemigo nacional que todo país necesita, para recordarse a sí mismo que está vivo.

Con constantes ataques hacia los mexicanos, declaraciones tajantes de la eliminación de la migración hacia Estados Unidos y la clara pretensión de construir un muro fronterizo entre ambos países, Trump desató la ira de millones, tanto allá como de este lado. Pretender borrar de un soplido décadas enteras de una cultura compartida, millones de vidas invertidas en la construcción de aquella nación, que al mismo tiempo ayudaron a construir éste, e ignorar todo lo que significan los latinos en el país del norte, no debería ser algo sencillo de olvidar, pues es una afrenta contra la misma humanidad.

Sin embargo, los enemigos tienen una función y eso es: despertar a los aliados y, como dicen por ahí, “ver de qué cuero salen más correas”.

El problema aquí, y que sorprendentemente sí levantó a la opinión pública en México, fue la invitación del presidente Enrique Peña Nieto para que Trump viniera en un plan diplomático.

Porque una cosa es lo que diga el enemigo, que a final de cuentas ejerce su posición, y otra muy diferente es aquí mismo se le reciba, con puertas abiertas y pretendiendo olvidar la cola enorme que tiene detrás.

Peña Nieto cometió, ciertamente, un error garrafal al querer reunirse con el enemigo número uno de la opinión pública mexicana, la que difícilmente puede olvidar que llamaron a sus migrantes “delincuentes y violadores”.

Irónicamente, esos delincuentes y violadores son los que traen al país más del 2% del PIB en remesas, mismas que alimentan y dan educación a millones de familias que, de otro modo, vivirían en pobreza extrema.

Enrique Peña Nieto ha sido, en lo que va de su sexenio, un presidente de esos que nadie quisiera recordar. Con una imagen pública por los suelos, escándalos políticos, sociales y financieros que son una constante, y un cinismo impresionante, frente al agujero en que está México, Peña y su gobierno de cacahuate son la burla internacional.

Y ya sepultados, basta echarle más tierra a la tumba. La reunión entre Peña y Trump podría ser el acabose del gobierno priista, al menos este sexenio, que dicho sea de paso, ya va de salida y no tiene demasiado por hacer.

Nadie en este país debería olvidar que, detrás de enormes campañas institucionales, pagadas con el erario público, vive el enemigo de los mexicanos. Y no, no es Trump, el verdadero enemigo del país es aquel le abrió las puertas al odio racial, la discriminación y la polarización de la sociedad, y hasta los recibió con un abrazo.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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