La crisis de refugiados en México

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Hay dos lados de la moneda, que constantemente compiten por la imagen de México ante el exterior. Por un lado se cree que este país, como lo dice su historia, es una nación abierta, que ofrece su soberanía y protección a cualquiera que lo necesite, quizá en agradecimiento a todas las manos exteriores que lo han apoyado en distintos momentos.

Por otra parte, algo pasa que, de un momento a otro, parece que México no entiende lo que significa dar ayuda al exterior, se convierte en un territorio cerrado, se niega a recibir a refugiados y aquellos que cruzan por aquí, reciben el peor trato imaginable.

La opinión general de los mexicanos respecto a su propio país es que la situación es difícil, temen a la violencia, los ingresos son reducidos y los precios altos, además de que el gobierno no otorga ninguna seguridad ni estabilidad política.

Es interesante saber, desde esta perspectiva, qué tan difícil es la situación en países como El Salvador, Guatemala, Honduras, Siria o África, como para que prefieran venir aquí y pedir asilo, antes que quedarse allá.

Recientemente, el conflicto bélico en Siria y Medio Oriente ha requerido el apoyo de todas las naciones del planeta, pues más de once millones de personas, según datos de la ONU, han sido desplazadas hacia el exterior, pues esa nación está completamente sumida en guerra.

Mucho se ha acusado a México de poner trabas para que los refugiados sirios lleguen y se queden en el país, argumentando que aquí la situación migratoria también es complicada.

Empleos mal pagados, burocracia, discriminación y pobreza son las cosas que la gran mayoría de los sirios han encontrado en México, tras esta enorme crisis humanitaria que atañe al planeta entero.

En realidad, los que más esfuerzos han hecho por establecer personas provenientes de Siria en México, son los mismos sirios, fundando grupos, asociaciones e instancias que gestionan pasaportes, hogares, y una vida nueva para sus compatriotas que lo perdieron todo.

Otro dato preocupante es el hecho de que, buena parte de la opinión pública mexicana, rechaza recibir refugiados de Medio Oriente en el país, principalmente por razones racistas y la idea absurda de que el terrorismo podría llegar aquí.

Debería ser motivo de vergüenza, que no puedan refugiarse ni tan sólo diez mil personas, provenientes de una guerra civil, mientras casi 70 mil connacionales viven como refugiados en el extranjero.

Al final, la política exterior es sólo reflejo de la política interior, plagada de vicios, prejuicios, funcionarios obsoletos y un enorme camino dé y hacia la ignorancia.

En la era de la globalización, cosas como la xenofobia y las fronteras políticas, deberían ser tema del pasado. A menos claro, que el propio nivel educativo del país esté tan abajo, como para que las personas actúen como si estuvieran en el siglo XIX.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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