La dura cuesta hacia la titulación universitaria

La dura cuesta hacia la titulación universitaria

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Defecto del mexicano, bien conocido por todos, es la desidia. Esa cosa que nos dice que hay pendientes por hacer, y al mismo tiempo nos da mil pretextos para no hacerlos; postergar, procrastinar, vivir en el eterno “al rato”.

La titulación universitaria es de esas cosas que especialmente a los mexicanos nos resultan un dolor de cabeza, un trago amargo impasable, que la gran mayoría prefiere evitar.

Si ya de por sí las expectativas educativas en el país son bastante bajas; en datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de cada cien niños mexicanos que ingresan a la educación primaria, sólo 21 llegarán a concluir una carrera universitaria, y de ellos, menos de 13 obtendrán un titulo.

La historia es clásica y cualquiera que haya pasado por la universidad la conoce. Los últimos meses en cualquier carrera son los peores, se agudiza la exigencia, hay mil trámites por hacer y lo que quieres es terminar y olvidar que la escuela existe. Bajo ese pretexto, la tesis para alcanzar el título parece un trámite listo para dejar a un lado, para después de unos meses de relajación, en un año, cuando tomes un descanso en el trabajo, cuando tengas al bebé, cuando el bebé crezca, etcétera.

Así, para muchos mexicanos pasan más de 20 años sin que la siguiente página de la tesis sea escrita,, y el título se convierte en un deseo frustrado de juventud.

Claro que la cosa es sencilla y no, al mismo tiempo. Por un lado, realizar una tesis es más que nada sentarse a escribir, lo que suena fácil, pero requiere de gran voluntad y organización para no dejar tirado el trabajo a medias.

Por otra parte, el dinero es un factor que influye. En universidades públicas y privadas, un paquete de titulación tiene un costo que va de los 3 mil a los 10 mil pesos, y probablemente más, sumando eso a los precios de un asesor de tesis, materiales, impresiones, y otras cosas.

Además, hay que tomar en cuenta que no todas las personas pueden darse el lujo de no tomar un empleo al terminar la escuela. Y hacer una tesis en serio, implica dedicar muchas horas a investigar y redactar, por lo que es poco compatible con iniciar una carrera profesional al mismo tiempo.

Terminar la escuela y comenzar una dinámica laboral, hace que se pierda el hilo de la investigación, los hábitos de estudio y la costumbre de sentarse a trabajar intelectualmente. ¿Quién en sus cabales, después de una jornada de ocho horas, puede llegar a casa y sentarse a hacer tesis?

Y para terminar de romper el encanto de la titulación universitaria, los mexicanos se caracterizan por ser poco comprometidos y consecuentes con sus acciones. No en vano el país es el número cuatro en la lista de las naciones que tienen menos personas tituladas.

Quizá estas cifras también expliquen por qué en México los sueldos suelen ser tan bajos, y las condiciones laborales bastante limitadas. Es lógico que, como empleados poco calificados, también pueda exigirse muy poco a las empresas.

En datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, Económicos (OCDE), en general, las personas con un título profesional suelen ganar entre 25 y 50% más dinero, que las que no lo tienen, además de que eso les da acceso a becas y posgrados, incluso en otros países.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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