Mercados ambulantes, símbolo de desigualdad

Mercados ambulantes, símbolo de desigualdad

Chicles, churros, chocolates, gomitas, jabones, cereales, productos de limpieza, carnes frías y hasta material de ferretería, ¿qué tanto encontramos en los mercados ambulantes de todo México?
Los mercados mexicanos son, más que un motor económico, una causa y consecuencia de la informalidad, alimentados por la falta de empleos bien remunerados y la facilidad con que la ilegalidad pulula por las calles de este país. Es por eso que son un éxito y a medida que pasa el tiempo se hacen más, más grandes y más solicitados por la población.
Sólo en la Ciudad de México hay más de 2 millones de personas dedicadas al comercio informal, cuya principal fuente de ingresos se ubica en los mercados ambulantes, sobre ruedas y aquellos llamados “de pulgas” donde se vende hasta lo que se rescató de la basura.
Y claro, pararse en un mercado de esos es toda una experiencia visual y gastronómica, un shopping que no tienen ni los grandes centros comerciales de Estados Unidos porque incluye tortas gigantes de perro atropellado, vajillas salidas directo de la cocina de una tatarabuela olvidada y carritos robados del supermercado más “in” de la ciudad.
Claro que no todo es malo, muchos de los mercados de segunda mano son una proyección de las clases populares sobre lo que soñarían con llegar a tener; mientras en las colonias más elegantes los pudientes tiran su “basura”, en las colonias menos acaudaladas la gente espera al día de mercado para encontrar aquello que, usado o no, no podrían pagar al costo real de las tiendas.
En un país donde el abismo entre pobres y ricos es cada vez más amplio, el ambulantaje invade calles, avenidas, banquetas y cualquier espacio libre porque el pueblo lo pide, son sus anhelos, sus sueños y sus ganas las que se leen en esos puestos que rescatan de la basura lo que otros desechan.
Por otra parte no hay que olvidar que los mercados populares son también sitios donde florece la delincuencia, campos perfectos para el cultivo de todo lo ilegal porque no hay ley que mande ahí, se vende todo lo ilícito y el producto neto del crimen urbano que, por cierto, afecta a los mismos que luego se convierten en clientes.
En fin, los mercados y el ambulantaje son males necesarios en un país donde pululan las diferencias sociales, las desigualdades y la imperfecta repartición de la riqueza que siempre va en contra de los que menos tienen.

@CronicaMexicana

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