La apicultura en México, ¿a dónde van las abejas?

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Son abejas y, con el sudor de su frente, hacen posible una industria de 147 millones de dólares anuales, que entran al país, por concepto de exportación, y dan sustento a miles de personas. México es el sexto productor de miel en todo el mundo, y ésta representa el sustento para más de 400 mil trabajadores que se dedican a la crianza, reproducción, colecta y comercialización de productos derivados. Inclusive la industria farmacéutica se sirve de estos nobles insectos para producir medicinas y cosméticos.

Es un negocio pegajoso y polémico, ya que pocos se atreven a convivir con este insecto y su enorme aguijón.

Pero la vida de las abejas va más allá del tarro de Winnie the Pooh. La realidad es que una colmena es todo un universo en el que, desde el nacimiento, cada abeja tiene un destino que cumplir, algo marcado por la naturaleza y completamente ineludible. Las abejas obreras sacrifican sus vidas para llenar la colmena de miel y, al mismo tiempo, polinizar las plantas que nos darán oxígeno y permitirán que siga la vida en la Tierra.

Es probable que nadie piense en eso, a la hora de matar un insecto de esta clase, por miedo o por ignorancia. Y sí, las abejas no son las más agraciadas del mundo, pero Chabelo tampoco lo era y fue el amigo de todos los niños durante 100 años, ¿o cuántos?

La apicultura, el oficio de criar abejas, es una tarea de miles de años. En México, los indígenas Mayas ya trabajaban la miel y la cera, lo que después entregaron como tributo a los conquistadores europeos, quienes a su vez ya venían considerándolo un producto de la realeza.

Otra cosa interesante de la miel son sus propiedades, ya que es rica en hierro y tiene efectos antiinflamatorios, antioxidantes y antisépticos. Inclusive, es beneficiosa en las dietas vegetarianas como un sustituto de las proteínas animales. Sí, la miel es otro de esos alimentos que deberían considerarse “del futuro”, por las cualidades naturales que posee.

Se sabe que las abejas, hoy están sobreviviendo a los efectos del cambio climático, ya que su población se ha visto disminuida por la contaminación, los cultivos transgénicos y el desequilibrio ambiental, que vino a revolver los lugares de las especies, dándole a las abejas depredadores no naturales, entre ellos el mismo ser humano y su afán de destrucción.

Hoy en día, en México, la industria mielera hace un gran esfuerzo para evitar que desaparezcan las abejas y con eso la vida en la tierra. Hace décadas el propio Albert Einstein predijo una sentencia apocalíptica: “Cuando se muera la última abeja, cuatro años después, desaparecerá la especie humana”. Y es que, si este insecto desaparece, nadie polinizará las flores, las plantas y los alimentos simplemente no crecerán y la vida, poco a poco, se extinguirá.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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