Cuatro maldiciones que persiguen a los chilangos

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Vivir en la gran ciudad y acceder a las mejores cosas, antes que el resto del país, puede no ser tan perfecto como se pensaría, algún costo tiene que existir, el habitar en una de las orbes más grandes del planeta.

La CDMX, con sus casi diez millones de habitantes, es un universo entero de contrastes y contradicciones absurdas. Ahí suceden las mejores y las peores cosas, se va del lujo más excéntrico a la peor de las miserias y, con todo y todo, quienes habitan esta capital dicen amar su ciudad y vivir felices.

La realidad es que ser habitante de la Ciudad de México tampoco es sencillo, y no todo son flores y chispas de colores. También aquí hay karmas, males que persiguen a los chilangos, y les roban la tranquilidad y el sueño.

Contaminación

La CDMX es un agujero gris de aire tóxico y mugre. Más de 136 puntos IMECA registró en marzo del 2016 el aire capitalino, un número bastante alto y peligroso para los habitantes, que respiran partículas de plomo y metales pesados. Y estas cifras son lógicas, si se toma en cuenta que, sólo en este territorio, circulan más de cuatro millones de vehículos, entre transporte público y particulares, que saturan las calles y emiten gases, contaminando.

Sobrepoblación

Casi 10 millones de chilangos ya no caben en un territorio de 1,485 kilómetros cuadrados, aún con la extensión que le agrega el Estado de México. Vías de comunicación, edificios, nuevo transporte público, hospitales, escuelas; toda infraestructura es insuficiente para una población que no termina de crecer, y se ve alimentada por migrantes de otros estados, que vienen aquí a buscar oportunidades.

Hace unos 30 años, se habló de descentralizar la capital para llevar flujo de población a otras entidades y desaturar los servicios, sin embargo, nunca se logró consolidar y hasta hoy, siguen llegando hordas de personas que buscan el progreso, en el gobierno o en las grandes empresas que aquí se desarrollan.

Las aglomeraciones son, desde los años 90, un karma que persigue a los chilangos, hasta en el baño. No importa a dónde vayan, las tiendas, los transportes, los estadios, los parques y hasta las banquetas, están repletas, y ya no cabe ni uno más en esta Torre de Babel.

La descomposición social

Así, así como suena, muchos aseguran que Chilangolandia está hecha un nido de nada y de todo. A los grandes desarrollos habitacionales les suceden enormes cinturones de miseria, en los que miles de personas no tienen acceso a servicios básicos, lo que origina pérdida de expectativas de vida, desesperanza, marginación, pobreza y delincuencia.

Según el Coneval, casi 30% de la población de la Ciudad de México, vive en algún grado de pobreza social y de ingresos. Inclusive, delegaciones de tipo rural como la Magdalena Contreras y Tláhuac, tienen población que vive en pobreza extrema, sin servicios básicos, acceso a alimentación, salud o vivienda digna.

Todo lo anterior ha generado, al menos en los últimos 30 años, un clima de hostilidad entre los chilangos. Todos desconfían de todos y, como dirían las abuelas, ya nadie se conoce, todos cierran sus puertas, porque tienen miedo hasta del vecino, y pasan la vida tras rejas temiendo lo peor.

La caca

Sí, aunque suene feo, la caca es algo que los chilangos ya no pueden ignorar, porque está en todos lados, se asoma por las coladeras, entra por las ventanas y mece las cunas de los niños; es como la conciencia.

Parece descabellado, pero no es tan difícil preguntarse: ¿por qué la Ciudad de México apesta?, en el sentido más literal de la palabra.

Dicen los científicos que una persona promedio produce 4.5 kilos de caca al mes. Si lo multiplicamos por diez millones de chilangos, tenemos unos 45 millones de kilos de popó, mensuales. Eso explica la peste y la saturación de las cañerías, que en esta ciudad no se dan a basto.

Alguna vez dijo José Emilio Pacheco en sus “Batallas en el Desierto”:

“El centro de la ciudad se convertía otra vez en laguna, la gente iba por las calles en lancha. Dicen que con la próxima tormenta estallará el Canal del Desagüe y anegará la capital. Qué importa, contestaba mi hermano, si bajo el régimen de Miguel Alemán ya vivimos hundidos en la mierda.”

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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