Cómetelo, cómetelo, cómetelo

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¡Hasta tú comes pan, fíjate!… cómo olvidar al señor de las aventuras del trapo y el pan, corrían años que hoy nos son lejanos, cuando empezaba la moda de los vídeos en Internet y lo más compartido era el llamado “Show de la barandilla”, una serie de grabaciones de borrachitos y gente medio freak, que cobraron buena fama, cuando fueron retransmitidos por cadenas de televisión nacional.

Fue hace muchos años y ahora nadie sabe qué fue del amigo del trapo; ¿alguien se habrá comido por fin su pan?, ¿habrán puesto el trapo?, ¿habrá grabado un disco de música vernácula?

Hablando de pan, México tiene unos 40 mil negocios de venta de este alimento y se consumen unos 34 kilos por cabeza al año. A pesar de la globalización y la entrada de nuevas costumbres gastronómicas, en este país no se ha perdido la costumbre de tener siempre pan en la mesa.

Las variedades son incontables: dulce, salado, integral, chino, sin gluten, negro, con especias, relleno y mil más, porque la creatividad gastronómica mexicana es algo que tampoco tiene fin.

No es de gratis que México sea el país número uno, a nivel mundial, en variedades de pan dulce, y dice la estadística que se conocen hasta tres mil tipos distintos.

Y como diría nuestro amigo: ¡hasta tú comes pan, fíjate!; nadie puede negar que más de alguna vez ha sido presa fácil de la gula que provoca una buena pieza de pan: empanadas, cubiletes, chilindrinas, corbatas, donas, conchas, besos, orejas, trenzas, ojos de Pancha, danesas, virotes, polvorones, panqués, moños, cuernitos, bolillos, teleras, cocoles y mil más.

Pero, a todo esto, ¿de dónde nos viene a los mexicanos la costumbre del pan?. Resulta ser que la idea del pan, como la conocemos hoy, es una herencia de la época de la Colonia, pues antes, en el México prehispánico, no existía el concepto como tal.

Fue en el siglo XVI cuando aparecieron las primeras panaderías, y desde entonces a la fecha, ni la introducción de industrias de fabricación masiva, han borrado la existencia de los establecimientos tradicionales. Incluso, actualmente, hay un resurgimiento de este tipo de negocios con la popularización de la comida gourmet, por lo que las opciones sobre dónde comprar pan, se multiplican por montones y hay para todos los gustos, dietas y bolsillos.

Claro que no todo son chispitas de colores en la dona. La aparición de enormes trasnacionales está transformando el mercado de la panificación en México. Si bien todos saben que casi en todos los casos, se trata de productos caros, de mala calidad e incluso dañinos, un buen grueso de la población adquiere preferentemente marcas de pan “conocidas”, por encima del de panaderías locales o tradicionales. Y todo por una estrategia comercial, con la que los negocios pequeños simplemente no compiten.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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