Bienes raíces chilangos, ¿dónde vamos a vivir?

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Muchos mil usos le llegan diariamente para acá, ya no cabemos, ¡ya no cabemos!”

Dice aquella canción de El Tri, que todos se vienen a la gran ciudad buscando una oportunidad de progreso, y se quedan nada más para sobrevivir. Y sí, es cierto, ya no cabemos ni en el camión, ni en el metro, ni en las casas, ni debajo de los puentes.

La Ciudad de México tiene por estos días unos diez millones de habitantes, entre nacidos, llegados y colados, que ya colapsan cada rincón de la ciudad, al punto en que, ningún invento del gobierno es suficiente para contener la expansión.

De al menos unos diez años para acá, la explosión demográfica chilanga, se vio alimentada por un boom inmobiliario, que transformó las pacíficas colonias de la capital en monstruos urbanos llenos de gente, basura, contaminación, ruido e insatisfacción habitacional.

Si antes llegar a casa resultaba un momento de paz y descanso del caos citadino, ahora ya no hay modo de escapar del desastre; muchas colonias que antes eran de nivel medio o popular, hoy están multiplicando al máximo su capacidad, en vista de la construcción de miles de edificios, sobre terrenos que antes albergaban casas.

Lo anterior significa que, si antes un terreno era habitado por una familia de cinco personas, hoy, ahí mismo, residen hasta cien familias y más de 500 personas, con las consecuencias que eso acarrea como: falta de estacionamientos, caos vial, escasez de agua, saturación de servicios urbanos, hacinamiento y problemas vecinales.

Tal parece que hasta la ley quiere que todos los chilangos acaben hacinados en diminutos departamentos, endeudados de por vida y sin vías de escape. El sector inmobiliario de la Ciudad de México es hoy el principal asesino de la tranquilidad y la vida de barrio, como la conocemos.

Claro que todo este crecimiento inmobiliario no es una cuestión de inercia, sino meramente económica. Un departamento nuevo en la CDMX, con los requerimientos mínimos y una supuesta plusvalía a futuro, tiene un costo a partir del millón y medio de pesos. He ahí el negocio de las constructoras, en su afán por volver a la capital una orbe de rascacielos.

Claro que habrá quien pague el precio, pero nadie se pregunta qué será de aquellos que no puedan pagarlo. Ya en el año 2005, el Inegi decía que, por lo menos el 30% de los hogares chilangos, tenían algún grado de hacinamiento, por supuesto, en razón de que cada vez es más difícil hacerse de un hogar propio, u obtener ingresos suficientes para pagar rentas cada vez más caras.

¿Y si tiran todas las casas, y los departamentos son más caros y más altos?, entonces ¿dónde vamos a acabar viviendo?, ¿en chozas con nuestros padres, nuestros hijos y uno que otro conocido?, ¿será la expansión de las favelas el próximo futuro de los habitantes de esta incierta capital?

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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