Intolerancia musical

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Desde que el mundo es mundo, gracias a Internet, todos se sienten con el derecho de expresar sus opiniones, todos son potenciales líderes de la crítica sociocultural; qué importan los estudios, los doctorados y las investigaciones en sociología, todo eso vale un cuerno cuando se tiene a la mano una red social, que le permite a uno hablar, hablar y hablar.

Sí, así es el mundo últimamente, de ahí que estén surgiendo nuevas formas de segregación social, que ya no implican un color, una posición económica o una preferencia sexual.

La discriminación musical es real y ha invadido la vida en la tierra, desde que las personas pueden hacer públicos sus gustos a ese respecto.

Antes este fenómeno, no era tan común, ni la sociedad estaba tan dividida, musicalmente hablando; o más bien es que no había redes sociales que hicieran público que, lo que tú estabas escuchando era un género basura. Si lo era, o no te enterabas o no te importaba.

Entre el rock, las rancheras, el reggaetón, los narcocorridos, el pop y todos sus derivados, de todos modos uno siempre termina escuchando algo malo, porque así lo dice el medio. Así como ahora todo es potencialmente discriminable, la música es tan diversa, que resulta injusto demeritar uno u otro género, sólo porque no simpatizamos con él.

México es un país sumamente musical. Uno puede salir a la calle en este país, y para donde quiera que gire, podrá escuchar algún ritmo. No importa si es en los camiones, en las tiendas, hasta en las iglesias y en las escuelas, la música es un compañero diario para la gran mayoría de los mexicanos.

Las estadísticas señalan que en México se tiene una preferencia importante, respecto a los géneros regionales y la música latina en general, los ritmos bailables y toda la producción netamente comercial.

Si las estadísticas no mienten, ¿por qué nosotros sí? Basta con leer un poco en redes sociales, cómo se estigmatiza a quienes afirman gustar de géneros populares, como la banda o la cumbia; a final de cuentas, si la estadística es verdadera, a la gran mayoría le gusta esa clase de música, pero tienden a fingir ser del montón –de los que no son del montón– que al final, también son del montón.

Solamente en esta nación, circulan casi 30 géneros musicales, más aquellos que pertenecen al underground y la escena independiente que, en los últimos años, ha pegado con bastante fuerza.

Para rematar, también hay una tendencia a poner títulos equivocados a otros géneros musicales. El jazz, el rock, la música instrumental, el blues y hasta la música electrónica, suelen recibir etiquetas de música culta o elevada, generalmente de parte de personas que desconocen que, la mayoría de estos géneros, también surgieron en las calles, igual que la música norteña, la bachata o la salsa.

Al final todo se resumen en una absurda necesidad de ponerle etiquetas a todas las cosas, reducir el mundo a unos cuantos moldes, porque no queremos conocer lo que hay afuera.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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