Todos matamos a José Ángel

Todos matamos a José Ángel

Tenía 11 años, cursaba el último año de primaria y mató a su maestra, para luego suicidarse.

José Ángel fue el autor de un tiroteo en una escuela de Torreón, Coahuila, donde al menos 6 personas resultaron lesionadas y una maestra murió.

El tema es que a esa edad no es lógico pensar en matar o volarse la cabeza, a menos que las circunstancias no den para otra cosa.

Ante la tragedia muchos mexicanos empezaron a cuestionarse sobre lo que se está haciendo mal en la sociedad, como para orillar a los más jóvenes hacia estos destinos. Y es que no es la primera vez que eso sucede en México.

Ya en 2017 un alumno de secundaria, en Monterrey, Nuevo León, mató a su maestra e hirió a varios de sus compañeros. Y después también se suicidó.

México no es un buen país para crecer, sin importar el nivel socioeconómico, pues ante todo privan el abandono, la violencia y el desinterés de la sociedad sobre quienes apenas empiezan a vivir.

Según la Unicef, más del 60% de los niños en el país viven en hogares con algún grado de violencia intrafamiliar, siendo indistinto para eso la región geográfica, el poder adquisitivo o el nivel de estudios de los padres.

¿Cómo esperar que este tipo de tragedias no sucedan, si la violencia acosa a los niños mexicanos desde sus hogares?

El gobierno buscó justificar lo sucedido en Torreón con cosas como los videojuegos violentos que jugaba José Ángel o el hecho de que en su escuela no operaba un programa de revisión de mochilas. Sin embargo, todos sabemos bien que la única verdad es que nadie puso atención, nadie supo ver lo que le estaba sucediendo con él, nadie quiso escucharlo ni integrarlo y el resultado fue horrible.

Dicen en los medios que la mamá de José Ángel murió hace varios años, el padre se fue y los abuelos se hacían cargo de él. En resumen se trataba de un niño abandonado, ignorado en su núcleo familiar y cuya única compañía fue la influencia de Internet y los videojuegos.

Es difícil imaginar el grado de dolor que puede sentir alguien de 11 años para querer matarse y matar a otros. Cuánto tiempo estuvo planeándolo, qué tan profunda era su depresión y por qué nadie lo atendió, son preguntas que deberían quedar para la historia de este país.

Este tipo de tragedias van a seguir sucediendo en México mientras no pongamos más atención y más recursos sociales en los menores, mientras no haya instituciones que vigilen su salud mental o el simple hecho de que crezcan en familias funcionales.

La reflexión debería ser que, igual que José Ángel tomó la decisión de terminar con la vida de su maestra y con la suya, luego de años de sentirse ignorado, la crisis de violencia que vivimos en México quizá se explique en todos aquellos que hemos reprimido e ignorado durante décadas, la población que no queremos ver, aquellos no acceden nunca al progreso, la educación o el bienestar porque no son importantes para el sistema.

@CrónicaMexicana

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