La polémica llegada del Papa Francisco a México

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Ya no se sabe si se trata de culto a fuerzas, o de plano México necesita que alguien le dé esperanzas, porque se cae a pedazos. El punto es que se está planeando la visita del Papa Francisco al país, y eso ha venido a trastornar, para bien o para mal, la vida de quienes aquí habitan.

El contexto no es tan bueno como muchos quisieran, por el contrario, se vive un momento económico bastante complicado, y se vislumbra peor para los próximos meses, por la baja del petróleo y el precio del dólar en las nubes; políticamente no hay más qué hablar, es tan sencillo como que ya nadie cree en nadie, y se han desvanecido las esperanzas de alguien pueda sacar al país del agujero; socialmente México está destruido, la violencia ha entrado por la puerta, se ha colado por las ventanas y ya convive con las familias, es un fantasma, un miembro más que  –invisible– va carcomiendo las esperanzas.

Viéndolo de este modo, quizá la visita de un líder religioso como es el Papa Francisco, sí puede coadyuvar un poco a aliviar a la colectividad, calmar la tensión de las masas, y devolverle las ganas de vivir a una sociedad muerta.

Por otro lado, y viendo un poco más allá de la fe de los millones de católicos mexicanos, también la visita de este hombre, de origen argentino, puede tener fines macabros para los que conducen esta nación, de ahí la polémica que se ha desatado por su llegada.

La llegada de Francisco a México, costará al erario público una cantidad indecible; dicen que algo así como 36 mil pesos por minuto, y no precisamente porque el hombre cobre mucho por su visita, sino porque una vez más, el gobierno aprovechará para abrir las arcas, despilfarrar y robar.

Y es por el costo que nadie comprende, al menos a nivel superficial, cuál es el objetivo de gastar tanto dinero en la visita de este personaje, cuando cada día se denuncia que miles de centros de salud en el país no tienen ni lo más mínimo por falta de recursos, que los niños estudian en escuelas de palitos, y que no hay dinero que alcance cuando de necesidades ciudadanas se trata; pero eso sí, basta con dejar de pagar los impuestos, para ver cómo el sistema llega enseguida a cobrar, como movido por una mano invisible (sí, como la de Adam Smith, sólo que ésta genera malestar, en lugar de bienestar a la sociedad).

Y otro punto que genera polémica respecto al tema, es la perspectiva del imaginario colectivo hacia esta visita. Como ya se ha hablado, no son tiempos buenos, son tiempos muy difíciles y se está definiendo mucho del futuro del país en estos momentos. Entonces, puede ser que la llegada de Francisco venga como anillo al dedo, para que los hilos que dirigen al país se mueven libremente y a su conveniencia, mientras el pueblo está ocupado besándole la mano a un santo desconocido. No en balde ya se venden tazas, playeras, llaveros y toda clase de souvenirs en nombre de Francisco y su millonaria cofradía.

Si bien la parte interesante es que se trata de un Papa polémico y que ha declarado venir a México a tratar de calmar la rabia, el dolor y la impotencia, dejados por la guerra contra el narcotráfico, habrá que esperar a ver lo que augura el futuro a los mexicanos, el costo real de este capricho gubernamental, y los niveles de ceguera que atajarán a los fieles y devotos creyentes mexicanos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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