Toros sí, toreros no, ¿o cómo era?

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En años recientes surgió una tendencia mundial para la desaparición de las corridas de toros, buscando así un mayor respeto a los derechos de los animales y la erradicación de la violencia, como forma de entretenimiento.

En países avanzados, y donde la tauromaquia estaba bien arraigada, como en España, poco a poco se han ido transformando las plazas de toros en recintos culturales y espacios para la libertad. Sin embargo, en México, un país que tiene esta costumbre por adopción, el proceso ha sido mucho más complicado, porque se anteponen intereses económicos, y los empresarios son los que mandan a los legisladores.

Una corrida de toros puede costar más de un millón de pesos para los inversionistas, entre la crianza del animal, la publicidad, la preparación del torero, el recinto, y un montón de cosas más. Eso, sumado a la generación de empleos que, según los mismos empresarios taurinos, es de más de 400 mil puestos de trabajo, directos e indirectos.

En razón de todo lo anterior, dicen sus adeptos que es un arte, que debe conservarse y fomentarse en México.

El narcotráfico es otro negocio que deja enormes ganancias al país. Y supera a la tauromaquia, porque implica más de 500 mil fuentes de trabajo, una enorme industria de producción, distribución, exportación y venta, y ganancias por más de 30 millones de dólares anuales.

Si ambos son negocios altamente lucrativos, que dan empleo y dinero al país, ¿por qué no hacer un esfuerzo por mantenerlos vigentes?

La ciencia afirma que la gran mayoría de los asesinos seriales, empezaron a generar sus ideas en la infancia, cuando practicaron sus primeros actos de crueldad con animales. Y se sabe que la nula empatía hacia otros seres vivos, es un síntoma de trastorno mental que puede resultar en la figura de un asesino.

Actualmente, más de once mil menores mexicanos, enfrentan juicios con la justicia por cuestiones de homicidio.

Constantemente los periódicos cuentan historias macabras, de niños que jugaron a ser sicarios, secuestradores, asesinos que, como un chiste, plagiaron, torturaron y asesinaron, porque no pudieron distinguir la ficción de la realidad.

Y si a lo anterior le sumamos el esfuerzo de los medios de comunicación por imponer falsos líderes de opinión, sobre la figura de personas que no lo son, como los narcotraficantes o estrellas de los medios, que son más bien autodestructivas, entonces encontramos la respuesta.

No se trata de conservar arte, de preservar una tradición antigua, o de mantener un negocio. La eliminación de la tauromaquia, queramos o no, al menos en México, está mucho más relacionada con una necesidad de dejar de hacer de la violencia, una cuestión de orgullo, pues en una sociedad completamente destruida, la única forma de rescatar el valor de la vida, es sensibilizar y eliminar todas las formas de destrucción y autodestrucción, que pudieran enviar mensajes equivocados a las nuevas generaciones.

Habrá que revisar qué tan sano está el imaginario colectivo de la sociedad mexicana, como para lograr dejar atrás este tipo de tendencias, tan poco constructivas, y, si es posible, curarlo de la crisis de ultraviolencia en la que está inmerso.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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