Cuando te conviertes en víctima

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Dicen que los buenos somos más, el problema es que estamos escondidos abajo de la cama, porque tenemos miedo.

Nunca sabes cuándo va a suceder, pero como buen mexicano, estás completamente consciente de que la delincuencia es inherente a tu vida, y es cuestión de tiempo para que te conviertas en una víctima más, una estadística, y otro más del montón, que acrecienta la impunidad.

Hace unos 20 años, todavía se podían distinguir bien las zonas preferidas de la delincuencia organizada, todo mundo sabía, por ejemplo, que habitar grandes ciudades como la CDMX, Guadalajara o Monterrey era aumentar las probabilidades de ser víctima del crimen. Incluso, quienes ahí habitaban solían envidiar un poco a la provincia, por la tranquilidad con la que ahí se vivía.

Actualmente, ya es tan inseguro vivir en provincia, como vivir en la capital, o quizá lo es más. Además del creciente narcotráfico, la delincuencia callejera está desatada en prácticamente todos los estados del país; que levante la mano el que no ha sido víctima, o al menos testigo, de este cáncer social.

Las estadísticas no mienten, es más avasallador el número de delitos, que en México no se denuncian, que hoy en día va en 90%, a la cifra real de los delitos que se cometen. Tal vez no es que existan más delincuentes, sino que el sistema de justicia está cada vez más deteriorado, y eso se lleva de corbata a índices como la denuncia, y la percepción de seguridad.

México está en la mira de los organismos internacionales, no tanto por el aumento de la delincuencia, como sí lo está por la enorme victimización y revictimización que viven quienes, además de padecer los delitos, intentan acudir a un sistema de justicia que no los respalda, y parece siempre estar del lado de los malos.

Es sabido por todos los mexicanos que, más que el delito mismo, es una pesadilla tratar de denunciar con funcionarios ineptos, policías corruptos, leyes ambiguas que favorecen al que paga más, y una disfunción social, de la que nadie se quiere hacer cargo.

No es culpa de los mexicanos no querer denunciar; nadie en su sano juicio se impondrá ante la fuerza de las armas, a menos que pretenda encabezar los periódicos, y luego las listas de quienes jugaron a ser el héroe y murieron en la batalla.

La revictimización, por desgracia, tampoco se reduce a horas y horas tiradas en los ministerios públicos. Después de eso viene el acoso, las amenazas, la extorsión, el miedo y la huida. Y las historias se cuentan por miles.

El Estado de México es el ejemplo perfecto de la indefensión en la que viven los mexicanos. Tierra de nadie; tan sólo en lo que va de 2016, se denunciaron 500 agresiones a pasajeros del transporte público en esa entidad, lo que incluye asalto, ataque con arma de fuego y hasta delitos sexuales.

Si tomamos en cuenta que esa cifra representa sólo el 10%, de los que en realidad fueron víctimas, la cifra es escalofriante; cinco mil personas fueron víctimas de la delincuencia en Edomex, en la primera mitad del 2016, sólo como usuarios de transporte público.

El crimen ha transformado a los mexicanos. Nadie puede dejar de salir a la calle y parar de vivir, pero sí evitar hacerlo ostentosamente, evitar caminar de noche y en solitario, dejar de hablar, desconfiar de todos, sospechar constantemente, esconderse la quincena en los calzones y pasar desapercibido. Y aún así, un día se van a subir al camión y te van a bajar hasta los calcetines; haste a la idea.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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