¿A quién llamas mediocre?

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En México la cultura del esfuerzo está hoy más viva que nunca. Y es que, para lo que quieras lograr en este país, lo que sea, requieres el máximo, todo está en tu contra y las circunstancias siempre suelen ser adversas.

Es lo que pasa con el deporte. Recientemente, en los Juegos Olímpicos de Río, los atletas mexicanos han desatado la polémica, pero no por dopaje, por tramposos o por cosas comunes, que podrían pensarse de una justa de magnitud mundial, sino por el poco apoyo que reciben de su país, y eso se nota.

Desgraciadamente no es una cuestión de falta de recursos, sino de un sistema que está podrido de fondo.

Uno pensaría, con cierta lógica, que un país que dice vivir tratando de acabar con la violencia, debería apoyar a sus atletas, ponerle el ejemplo a los más jóvenes, que es posible salir de la pobreza y lograr grandes cosas, lejos de las armas y las drogas. Sin embargo, el sistema en México dice lo contrario.

Ver las imágenes de los atletas mexicanos, compitiendo sin uniformes, cuando declaran que no tuvieron entrenadores, nutriólogos, asesores o el más mínimo apoyo gubernamental para llegar a Brasil, eso es completamente desesperanzador, y hace pensar que no hay salida a la situación del país.

México mandó a más de 100 atletas a competir a Río 2016, “mandó” entre comillas porque son varias las historias de quienes tuvieron que pedir dinero, hasta en los camiones, para poder ir.

Y encima le llueven críticas a Alfredo Castillo, director de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), quien parece ser que nada más fue a Brasil a pasear, gastándose los recursos de los atletas en selfies, souvenirs y hoteles caros a los que, por supuesto, quienes fueron a dar la cara por el país, no tuvieron acceso.

Con razón las cifras estiman que en México no hay más de 7 mil deportistas profesionales, y eso incluyendo futbolistas, que más bien son estrellas y figuras del mundo del espectáculo, cuya nómina hubiera querido ver de cerca Soraya Jiménez, campeona de la halterofilia nacional, que murió olvidada, enferma y en la pobreza.

El dinero existe, aunque en tres años México recortó el presupuesto deportivo, en más de la mitad; los países más pobres, como Cuba o Sudáfrica, dieron todo lo que pudieron para que sus atletas fueran a Río 2016, y les resultó, porque hasta hoy han protagonizado el medallero.

Y lo más triste del caso es que, ni siquiera la opinión pública le da su lugar a los atletas. Uno de los países más obesos del mundo, denosta a sus propios competidores olímpicos, les llama mediocres, y les reclama que no traigan suficientes medallas, aun cuando ellos no son capaces de levantarse del sillón, y hacerse cargo de sus descuidados cuerpos.

Así el panorama, a nadie debería sorprender la mediocridad en la que México vive, las altas cifras de crimen, la desesperanza de los más viejos y el desinterés de los más jóvenes.

Pero mediocres no son los atletas, mediocre es el sistema que tira el talento, la capacidad y el esfuerzo a la basura, y privilegia la corrupción, las mañas políticas y el sucio nepotismo.

Los mexicanos, número uno en mediocridad, viven el círculo vicioso de la caída en picada, van derechito al agujero, y ni ellos mismos son capaces de asirse al borde para salvar sus pellejos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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