Y tú, ¿cómo duermes?

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Hay un momento del día, y todos pasamos por él, en que el mundo se pone en pausa, como una película que simplemente congela la escena en el momento exacto en que… te quedas dormido.

Dormir es para muchos el único momento del día que tienen para sí mismos, lejos del caos de la vida diaria, de los problemas y de la voz de otros pesando en las conciencias.

En teoría, un adulto promedio duerme entre 6 y 8 horas diarias, eso en un ciclo de sueño saludable. Sin embargo, hoy más que nunca, en los países industrializados abundan las personas con problemas de sueño, insomnio, somnolencia, apneas, etcétera.

Se calcula que unos 40 millones de mexicanos viven con trastornos del sueño, de los cuales muy pocos están recibiendo tratamiento, mientras el resto no sólo no duermen bien, sino que están propensos a padecimientos del corazón, obesidad, trastornos psiquiátricos y hasta cáncer.

“Consulta Mitofsky” hizo un estudio sobre los hábitos del sueño en mexicanos, y concluyó que dormir menos horas está directamente relacionado con manifestar infelicidad e insatisfacción generalizada. O al menos así lo expresa el mexicano promedio.

En distintas etapas de la vida, dormir representa significados distintos. Cuando se es bebé, el sueño es prácticamente natural, y el constante crecimiento requiere que la mayor parte del tiempo la pasemos dormidos.

En la infancia, dormir es un estorbo ante tantas cosas por descubrir y aprender. Es así como los niños suelen manifestar cierta resistencia al descanso, eso hasta que el sueño les gana abajo de la cama, en un clóset y hasta en la calle.

En la adolescencia, dormir deja de ser indispensable, la vida difícil de los estudiantes, sumada al interés por las fiestas, los hacen los campeones número uno del desvelo.

Ya en la adultez, esos desvelos de la juventud cobran su factura, ya no es tan sencillo quedarse sin dormir, y el momento más apreciado del día es aquel en que ponemos la cabeza en la almohada y apagamos el cerebro. Aquí también aparecen las preocupaciones, las responsabilidades y enormes listas de pendientes, que roban el sueño al 35% de la población mexicana en edad adulta, según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en un trastorno conocido como insomnio ocasional.

Aunque no hay una estadística real de las personas que laboran en horarios nocturnos, se sabe que una buena parte de quienes están en edad ocupacional lo hacen, lo que si bien da más oportunidades laborales, también incide directamente en la salud, porque altera completamente el ciclo natural del descanso.

Vivir en la noche da una idea clara de por qué el mundo funciona de día. Simplemente, la naturaleza del hombre es la que lo limita a levantarse con la luz del sol y sentir cansancio cuando ésta se va. Inclusive, el contacto con los rayos del sol, también incide en la salud humana, alimentación, estado de ánimo y hasta color de la piel.

Es por todo eso que, no hay momento del día más regocijante que la hora de dormir; ese limbo entre estar despierto y dormido, en que el que uno cierra los ojos y reflexiona un poco lo que ya fue, cómo darle una vuelta a la página cada noche, pretendiendo que a la mañana siguiente todo estará mejor.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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